Este competidor renovado no admite el más mínimo rastro de duda, de contemporización, de especulación; ya sea con el saque o durante el intercambio. Aprieta constantemente, incluso más que antes, con un punto mayor de agresividad y variables tácticas y técnicas que hacen de él un tenista más imprevisible. Llamativa esa alternancia al resto, a veces desde el muro y otras montado sobre la línea, y de ahí esa cara de póquer y el gesto muy serio de Alcaraz, que venía con la lección aprendida pero comprueba de inmediato el efecto de . En medio del vértigo de esos pelotazos, difícil detectar hacia dónde irá el golpe, aunque, en todo caso, siempre mordiente.
Contrapone él esas dejadas, tres deliciosas en el primer acto para destensar e intentar que el italiano pierda una pizca de ritmo, ese ardor que transmite su mirada y esa forma de remachar en la red las bolas muertas. Efectivamente, ahí hay un deseo. Con saña: círculo en rojo sobre París. Hacia allí se dirigen los esfuerzos y esta gira que comienza con la mejor pirotecnia; lo que no brindó el cemento, sí lo hace la tierra. Había ganas. Primer clásico del año y el lenguaje habitual, el de dos competidores febriles que se buscan y friccionan todo el rato, con respeto pero sin miedos. Trascendentales esos dos primeros golpes de cada punto y controlar ese factor siempre malévolo del viento.
A continuación, se le escapan dos de bolas de rotura nada más abrirse el segundo parcial y suelta un rugido rasgado y un par de exabruptos liberatorios. Lo necesitaba. Demonios fuera. “¡Eso es, venga! ¡Desahógate y otra vez…!”, le invita ; primer curso como titular, 56 años y, de vez en cuando, directrices de Generación Z para llegar a su jugador. Ellos se entienden: “Crazy, crazy!”. Así es, de locos siempre estos partidos. A veces parecen ir por un lado, pero salen por otro. A veces, quitarle un poquito de velocidad al golpe ayuda mucho y reordena, le hace pensar un poquito más al otro. “¡Ráscala un poco, sin fuerza!”. Enfrente va formándose la ola.
Y en esas corre, corre y corre tras la pelota con esos dos rayos que tiene por piernas y aguanta bien la decisión cuando la bola se queda suspendida en el aire, en forma de caramelo: ¡Tac! Por el pasillo paralelo. Lo que pedía el punto. Break. 2-1 arriba otra vez, pero de nuevo premio pasajero. Tal vez no sea el día. El italiano transmite mayor convencimiento. Sinner empuña el mazo, revolotea y empuja sin cesar, finísimo de piernas y con más precisión en las direcciones, arriesgándose y aceptando los costes. Es decir, creer o nada. Quizá necesite Alcaraz desatarse del todo, romper ese corsé de seriedad, revolucionar el duelo de alguna forma o con alguna señal. , pero esta vez la rebeldía es tibia. No le alcanza.
Esta vez, al otro lado había una apisonadora.