Retrato de otra decepción: de Fils a Fritz, la segunda línea también pincha en Nueva York

Uno de los grandes enigmas del tenis para este 2026 consistía en descifrar quién sería el tercer hombre, ese aspirante que de una forma u otra se inmiscuyera en el duopolio asentado por Jannik Sinner y Carlos Alcaraz desde hace dos años, en los que de los grandes. Triunfó Alexander Zverev en Roland Garros, pero a falta del desenlace de este US Open, la respuesta a estas alturas de la temporada es exactamente la misma que el 1 de enero: no hay respuesta. O sí. Nadie. Ninguno. Tras ellos, un gran vacío.

Baste el repaso. Felix Auger-Aliassime, cuarto del mundo, ya eliminado; ; Flavio Cobolli, el sexto, otro tanto; Alex de Miñaur, séptimo, también; y Taylor Fritz, décimo en el listado de la ATP y una de las grandes esperanzas norteamericanas desde hace ya demasiado tiempo, tampoco disputará siquiera los octavos de final. Es decir, distinto escenario pero más de lo mismo: chof. Ahora no está Sinner, pero hasta que no se demuestre lo contrario, este Alcaraz a medias representa la única nota fiable en un torneo que aparentemente ofrecía una oportunidad a los soñadores, que siguen cayendo.

Tal vez podía haber sido la edición de Fritz, finalista en 2024 y señalado en su país como aquel que podía acabar con la sequía; esto es, los ya 23 años (2003) que lleva el tenis estadounidense masculino sin levantar un major. Sin embargo, el californiano volvió a las andadas y pese a dominar el duelo contra Francisco Cerúndolo, dos sets arriba, terminó perdiéndolo: 3-6, 4-6, 6-3, 6-4 y 6-4. Cabeza gacha y poquito que decir por su parte. Trágame, tierra. “No sé ni qué decir. No quiero hablar con nadie ni estar con nadie. Sencillamente necesito desaparecer un par de días y después ponerme a trabajar otra vez. No sé cómo he dejado que ocurra esto”, concedía, mientras EE UU se agarra a las opciones del joven y todavía en liza.

El patinazo más sonado, sin embargo, lo protagonizó el francés Arthur Fils, apeado a las primeras de cambio . El galo reúne un gran potencial, pero si no es el físico es la presión de saberse señalado. Venía de triunfar en Cincinnati y en un abrir y cerrar de ojos desapareció del plano. “No sé qué ha pasado, no tengo la respuesta”, decía. Y agregaba: “Tengo que hablarlo con mi equipo, pero a mi nivel, cometer un error así es de ser poco profesional”.

“Este US Open está muy abierto, puede ganar cualquiera”, sostiene Cerúndolo. “Está demostrándose lo igualado que está el circuito ahora mismo, lo ajustado que es cada partido y lo difícil que es ganarlos. Puede pasar cualquier cosa. El nivel está muy igualado desde el segundo, tercero o cuarto del mundo hasta el 80”, sellaba el argentino, mientras los pronósticos van haciéndose inciertos y el torneo entra en la franja caliente. ¿Zverev? ¿Acaso Medvedev? ¿Y por qué no Alcaraz, adentrado ya en el terreno que más le gusta? En Flushing Meadows, la segunda línea continúa perdiendo efectivos. Esto es, decepcionando.