Mucho más que un trofeo para Djokovic, de nuevo campeón en Pekín

Todo cambia, pero algunas costumbres no. Que se lo digan a Novak Djokovic, el hombre feliz que este martes estruja otra vez el trofeo de Pekín, el séptimo, no vaya a ser que alguien pueda quitárselo. Lo aprecia demasiado. Podría pensarse que es uno más en el larguísimo listado del serbio, pero no es así. Es un 500, otro de tantos. Aunque para él vale oro: “Estoy lleno de alegría”. Hasta al mejor tenista de todos los tiempos le llegan los vértigos y él, . ¿Cómo? A su manera: ganando. Son ya 21 temporadas sucesivas festejando al menos un título y otro éxito en la capital china, donde no jugaba desde 2015 y aún no conoce el error: 34 triunfos, ninguna derrota. Im-pre-sio-nante.

Después del sobresalto del día anterior, cuando todo se cortó abruptamente por , esta vez al de Belgrado le sonríe la fortuna que le da la espalda a Alex de Miñaur. Al australiano (27 años y noveno del mundo) le duele el muslo izquierdo y pese a los intentos, termina retirándose. “Novak, te admiro por todo lo que estás haciendo por el tenis”, expresa el finalista, mientras Djokovic besa el metal como si fuera su primer amor y resopla: sin duda, lo necesitaba. Demasiados reveses a lo largo de los últimos meses, en los que el cuerpo no le ha respondido y los resultados no han llegado. Corría el riesgo de quedarse a cero en 2026, pero no será así.

“El carácter competitivo no es algo con lo que se nazca, sino que hay que construir. Se desarrolla cuando nadie está mirando. Este deporte requiere un cien por cien de compromiso y dedicación, pero no ya solo en la pista o los entrenamientos, sino como estilo de vida. Es un deporte bastante cruel. Cuando juego yo no regalo nada y me llevo al límite”, transmite el veterano, situado ya a un solo trofeo de Roger Federer (103). Tiene al suizo a tiro, a Jimmy Connors a siete dentelladas (109) y a su deporte boquiabierto. Difícil no estarlo, teniendo en cuenta que, contra viento y marea, el balcánico sigue siendo capaz de imponerse a tenistas a los que dobla la edad, o bien a otros que compiten en plena madurez como Zverev o Medvedev.

Exprime su crédito. “No sabía cómo me iba a sentirme aquí, porque en cuanto a sensaciones en pista, salud y estado físico”, recordó. Tanto en Cincinnati como en el US Open cayó a la primera, y durante la primavera las cosas tampoco le fueron excesivamente bien.

“Aquí también tuve dificultades en algunos partidos, pero conseguí seguir adelante, luchar y remontar un par de partidos [ante Yunchaokete Bu y Zverev]. Estoy muy orgulloso de lo que he conseguido aquí”, continuaba Djokovic, quien dice sufrir unos problemas que le han perjudicado a lo largo del año, aunque prefiere no concretar: “Entonces parecerá que me estoy quejando o buscando excusas”.