, un periodista le planteaba si se considera el mejor en estos momentos. Y él, que en otros tiempos quizá hubiera soltado una bravuconada en otra de esas muestras de altivez a las que acostumbraba cuando se decía que sería el siguiente elegido, contextualizaba lo conseguido. Su éxito lleva asterisco. “Hay que tenerlo todo en cuenta. Con Jannik lesionado y Carlos volviendo tras cuatro meses de baja, probablemente sí. Pero si los dos estuvieran sanos y en plena forma, quizá no... Quiero decir, hace cuatro o cinco meses, cuando los dos estaban en plena forma, yo no lo estaba; perdía contra Jannik todos los partidos... Así que si todos estamos en plena forma”, matizaba, “creo que Sinner seguiría por encima. Es tan sencillo como eso”.
para Zverev, cuyo enfoque dio un giro y lo que antes se traducía en sufrimiento, ahora es disfrute. “En cierto modo, las secuelas de lo de 2020 [la dolorosa derrota contra el austriaco Dominic Thiem en la final de Nueva York] desaparecieron después de ganar en París. Fue un alivio enorme. Aunque después perdí la final de Wimbledon [ante Sinner], disfruté del partido, disfruté de jugar esa la final y de todo lo que la rodea. Jugué con mucha libertad, con alegría”, apuntaba. “Me gustó mucho. En cambio, antes de ganar [en París] sentía mucho estrés todo el tiempo, porque siempre había ahí un interrogante: ‘¿lo conseguiré alguna vez?’. Lo que siento ahora es alegría por disputar ese tipo de finales”, agregaba.
Ahora más centrado, Zverev sigue exprimiendo este presente próspero en el que todo parece haberse alineado a su favor: unos u otros fallan y Alcaraz y Sinner van y vienen, pero en contra de lo que sucedía en otros tiempos, él, firme, ha sabido estar ahí. No obstante, todavía tiene una asignatura pendiente, puesto que su rendimiento revela debilidad contra los más fuertes. Su balance este año frente a rivales del top-10 es desfavorable, 2-8, si bien es cierto cinco de las ocho derrotas fueron contra Sinner y siempre en las estaciones finales. En cualquier caso, el alemán compite liberado y abraza su momento, este 2026 que apuntaba en una dirección clara y que por fin premia a un tenista que lo merecía.