No siempre se tiene la oportunidad de jugar al lado de una leyenda, así que Carlos Alcaraz, de nuevo en acción, lo saborea, se divierte y aprende. Al alegrón por su reaparición y a la que obliga un contratiempo de larga duración, se añade esta última experiencia y la foto a guardar: así es, yo jugué con ella. Es un simple bolo, puro entretenimiento, pero su compañera se lo toma muy en serio. Así que él obedece, se aplica y toma nota; ahora bien, predomina la contención, o así lo expresa su servicio: ninguno supera los 185 km/h. Por tanto, difícil extraer cualquier conclusión; si acaso, la respuesta favorable de la muñeca lastimada. La noche se resuelve con una remontada frente a Lloyd Glasspool y Erin Routliffe (5-3 y 4-1, en 58 minutos), y la derrota posterior contra Flavio Cobolli y Belinda Bencic (5-4(7) y 4-1, en 55 minutos).
Hay complicidad. Hay show. Es una fiesta.
Vuelve Alcaraz a las pistas y el tenis sonríe. Ahora que el periodo estival insinúa su último tramo, ese en el que un agradable frescor asoma, termina el largo invierno en el que ha vivido el deporte de la raqueta desde el pasado 14 de abril, en Barcelona y le obligó a parar de forma abrupta; era eso, o tal vez un desastre. De entonces aquí, un panorama más bien descafeinado porque la ausencia del murciano pesaba demasiado y generó un gran vacío, tan solo compensado con otra de esas majestuosas aceleraciones de Jannik Sinner. A excepción de Roland Garros, victorias y más victorias para el italiano, ahora de baja debido a una lesión de rodilla.