Demuestra Alcaraz en poco más de un mes, a la segunda cita tras su vuelta, estar hecho de una pasta especial y que su mejor o peor fortuna de aquí a final de temporada dependerá en gran medida de él mismo. Su tenis, especial, continúa siendo inalcanzable para la gran mayoría. Sin Jannik Sinner sobre el tapete, al haber anunciado el italiano que no competirá en lo que resta de 2026, el horizonte cambia de manera radical y el español seguramente vea puertas abiertas donde antes percibía muros de hormigón. Ya esté a mejor o peor tono, su candidatura a todo lo que está por venir no es ninguna exageración, teniendo en cuenta que su gran rival no volverá a la competición hasta enero y que los demás se encogen en cuanto él empieza a hacer diabluras.
Todos han amagado en Tokio, pero todos han caído. Alcaraz es sencillamente superior. Todo lo hace fácil, incluso lo más difícil. Digna de estudio esa facilidad para ejecutar aquello que otros tenistas básicamente ni contemplan. Y reía Lehecka, claro, asombrado el checo por cómo es capaz de inventarse el de El Palmar una volea tan perfecta e inverosímil, prácticamente imposible, después de que la bola tocara la cinta y redujera al mínimo el tiempo de reacción; lo lógico es que la pelota atropelle al autor, a cinco palmos de la red, pero en su caso todo es diferente. Con solo 23 años,
Todo lo tiene. “¡Échale huevos!”, profería Samuel López, tratando de que su jugador reaccionase después de otro inicio cuesta arriba. Nada nuevo, en realidad. La herencia de la lesión en la muñeca son esas dificultades con el saque, lógicamente resentido, y esa necesidad de conducir la acción hacia el peloteo para debatir sobre ese terreno los puntos. Ahí, poquita discusión. Esté más o menos inspirado, Alcaraz cuenta con el mejor maletín de soluciones y redirigió de nuevo el partido hacia donde más le interesaba. Frente a un rival de puño duro como Lehecka (24 años y 19º del mundo) prefirió restarle potencia al golpe para que el checo tuviera que pensar y pensar; y eso, ya se sabe, es la antesala a la duda.
Empezó bien el adversario, con una rotura a su favor nada más empezar, pero Alcaraz fue descomprimiéndolo poco a poco. Al sexto juego equilibró y después, al desempate, volvió a prevalecer. No es casualidad. Era el cuarto que disputaba estos días y otro más a la buchaca. En medio de un tenis más bien plano, en el que la mayoría parece conocer solo la vía rápida y adolece de riqueza estratégica, la variedad del español es un tesoro para él y también para al aficionado, testigo de tiros y maniobras de todos los colores. Una delicia. De una forma u otra, todo parece empezar y acabar en él, que todo dependa de que el murciano imponga o no la siguiente marcha. Acabará saliéndose con la suya, la pregunta es simplemente cuándo.
“Ha demostrado que sigue teniendo el nivel, desgraciadamente para mí”, lamentaba el adversario. Y así es. “Esto tiene un extra de especial después de lo que ocurrió”. “No he encontrado mi mejor tenis esta semanana, pero sí soluciones”, apreció el vencedor. Vuelve el murciano más o menos como lo dejó. Deberá apuntalar. Pero, de nuevo, el artista acabó rodeado de confeti.