Arda Güler endereza al Madrid, que reduce y golea al Sevilla

Después de , después de días de masticar dudas y nieblas, el Real Madrid encontró una noche de calma y felicidad en casa con un equipo guiado por el ingenio de Güler. De repente, descubrió algo que parecía evidente: el poder de dictar las normas usando la pelota, armándose a su alrededor para ir explotando el vértigo de Mbappé y Diomande. El equipo de Mourinho desarmó así a un Sevilla que venía cabalgando sobre la solidez y al que redujo hasta golearlo. Así empezó un tramo de ocho días que comenzaba con este partido de Liga después del sobresalto de Roma, , y antes de visitar al lanzado Barcelona el domingo en el Camp Nou. También puede haber paz en el Bernabéu. Aunque por rutas distintas a las que frecuentaban.

, pero es un equipo sólido, intenso, solidario y muy bien armado, que ha competido por encima de las expectativas teniendo en cuenta los años de los que venía. Ni se vieron cinco en contra del Madrid, ni el desarrollo se pareció al de cuatro días antes. El Real no compareció como un equipo reactivo centrado en el control de daños y en evitar problemas al transitar por el medio. Era todo lo contrario. El control que buscaba no consistía en evitar que el rival hiciera demasiado con la pelota, sino en dominarlo a partir de ella, con Güler hiperactivo por el centro.

El impulso del turco azuzó a Bellingham, que se sumaba a la distribución sin enroscarse en vueltas y vueltas de conducción. Los regates los dejaba para más cerca de la línea de fondo. El inglés acudía a ayudar, recibía y soltaba. Se iban juntando , por donde asomaban también Mbappé y Cucurella.

También fluían más las salidas a la contra, entre la visión de luces largas de Güler y la exactitud de su zurda, y las aceleraciones de Bellingham. En una de esas estampidas, el inglés encontró a Diomande con campo por delante, el costamarfileño la dejó atrás a Güler y el turco la enganchó al ángulo según llegaba. Sin preliminares.

Pasaba casi todo por la izquierda, pero el Madrid también amenazaba las ocasiones en las que miraba al otro lado. El recorrido de Valverde por ese pasillo es extraordinario. Cuando mira a su portería y cuando apunta a la contraria. Güler le lanzó con un pase filtrado que el uruguayo continuó hacia el área pero que no pudo aprovechar Mbappé. Pero también propulsaba él a Endrick, que despegaba a la mínima rumbo a Vlahodimos.

El Real conseguía anestesiar al Sevilla negándole la pelota; no lo espacios. Y eso que el equipo de Luis García Plaza tiene hechuras para llevar el mando, con el pie de Peque y el sostén de Fofana y Agoumé, que incluso obligó a Courtois a estirarse hasta la cepa de su palo derecha para taponar con el guante. Entre el portero belga y un ejercicio defensivo muy comprometido, también de Diomande y Endrick, el Madrid fue desactivando los tramos en los el Sevilla se ordenaba alrededor del balón y buscaba el área desde las bandas.

El pelotón de Mourinho se movía con otro ritmo, más afilado. Bellingham dejó a Mbappé de tacón un balón que recibió de Diomande y el francés deslumbró con una maniobra prodigiosa: un control mientras giraba que enlazó con un toque de avance con la zurda y un recorte al portero, tac-tac, derecha y gol con la izquierda.

Mbappé funciona mejor a toda velocidad. Como cuando persiguió un pase a la espalda de Diomande. Voló para colocarse por delante de Castrín, cayó en el área y el árbitro le concedió un penalti que embocó a lo Panenka.

El Sevilla no se dejó ir. García Plaza introdujo a Ejuke y Stassin, dos atacantes, y a Manu Bueno, que redujo la distancia. El equipo andaluz apretó arriba, robó y el canterano batió por abajo a Courtois.

Pero esta versión más armada del Madrid no se sintió inquietada por el golpe. Diomande despegó una vez más, cruzó al área y fulminó la red para cazar el cuarto, su segundo gol en el Madrid, premio el primer día sin Vinicius.