El no admitía concesiones a la nostalgia. Donde hubo afecto y memoria recientes, el técnico asturiano impuso esta vez un ejercicio de pragmatismo que terminó por desarmar al Athletic Club. Nunca había ganado allí como visitante. Lo hizo ahora, con autoridad, al frente de un Villarreal que consolida de la mejor manera posible su tercera posición en la tabla.
El partido quedó casi explicado antes del descanso. En un escenario de presión adelantada y ritmo alto, el Villarreal encontró claridad donde el Athletic acumuló ruido. La primera ventaja nació de una transición precisa, casi pedagógica, en la que cada pase desactivó una línea de presión. Cardona aprovechó un buen pase de Oluwaseyi y concluyó la acción coral con una vaselina delicada, más gesto técnico que remate, suficiente para superar a Simón.
Pese a la derrota, el equipo de Ernesto Valverde ofreció una imagen más reconocible que , donde ni siquiera logró rematar entre los tres palos en todo el encuentro. Hubo, al menos, una reacción en términos de intención y profundidad, con un Nico Williams más incisivo y participativo, bien respaldado en el costado izquierdo por Yuri Berchiche, que aportó recorrido y presencia. Un centro del zarauztarra, de hecho, propició el tanto de Guruzeta.
Sin embargo, la mejoría resultó insuficiente ante un rival que penaliza cada desajuste. El error de Iñigo Lekue en el segundo gol volvió a evidenciar la fragilidad en momentos clave, un tipo de concesión que, ante equipos como el Villarreal, se paga sin remedio. Porque el conjunto amarillo, fiel a su identidad, convierte cada recuperación en una amenaza, especialmente a campo abierto, donde sus transiciones adquieren una precisión y una contundencia difíciles de contener.
El Athletic Club no merecía un castigo tan severo. Sostuvo su empeño durante todo el encuentro, con más continuidad que acierto, pero sin renunciar nunca a discutir el resultado. Encontró caminos, sobre todo tras el descanso, para aproximarse a la portería de Luiz Júnior. Un cabezazo de Aymeric Laporte y un disparo lejano de Robert Navarro exigieron la intervención del guardameta del Villarreal, firme en sus respuestas para sostener la ventaja.
Ese buen empeño terminó encontrando premio. El tanto de Guruzeta encendió al Athletic y el tramo final. San Mamés recuperó el pulso y el equipo de Valverde apretó en busca de un empate que habría recompensado su insistencia. Pero el Villarreal supo gestionar los minutos finales y cerrar un triunfo de prestigio.