Media humanidad en vilo, entre bombardeo y bombardeo, y la otra media mirando partidos de la incluso un Sporting de Portugal-Arsenal. Cruce de dudoso cartel en los cuartos de final de la Champions. No defraudó a los escépticos. Fue un partido malo. Una manera cualquiera de distraer la atención hacia cosas irrelevantes o unidimensionales como los ataques del Arsenal en Lisboa. El equipo inglés venía de perder la y de quedar eliminado de la Copa de Inglaterra contra el Southampton, dos derrotas seguidas por primera vez en la temporada. Se esperaba una reacción. No hubo casi nada en 91 minutos. Hasta que Martinelli habilitó a Havertz, que rompió el fuera de juego, controló en el punto de penalti y metió un gol que pone al Arsenal a un paso de las semifinales.
Se enfrentaba un equipo, el Arsenal, que venía de lograr el hito de ocho partidos invicto en la fase de liguilla, contra otro, el Sporting, que navega por la competición con la modestia que caracteriza a los conjuntos portugueses y un subidón de adrenalina. Araúnjo, Diomandé, Simoes, Trincao y Luis Suárez entraron al partido como si en cada acción se jugasen el ticket del contrato en la Premier. Tras los pasos , la motivación de los locales fue máxima en un momento histórico para el club. Hacía 43 años que el Sporting no alcanzaba los cuartos de la vieja Copa de Europa. Obtener el pase a las semifinales supondría lograr algo que nunca consiguieron las generaciones precedentes de sportinguistas. El estímulo latía en cada duelo.
Guiado por Odegaard en todos los planos, el Arsenal sufrió para despejar un metro cuadrado para rematar. Metido en un cajón, el equipo de Arteta solo intimidó a su adversario a balón parado. Madueke hizo olvidar la baja de Saka con un abanico de intervenciones que inclinaron los avances hacia la derecha del ataque visitante. El contraste del extremo de Barnet con Maximiliano Araújo fue lo más divertido de la noche. Una batalla tras otra en el punto en el que las dos formaciones se lo jugaban todo al uno contra uno.
Lejos de la Zona Madueke, el Arsenal progresó con lento sentido académico, casi burocrático. Nadie jugó mal y nadie destacó, con la excepción de Gyokeres, que regresó a Alvalade para escenificar que con otra camiseta es un superhéroe sin poderes. Un hombre común cuando no le dan espacios para correr.
, recién ingresados, rompieron la resistencia portuguesa. Martinelli colocó el balón en el área con un pase tenso y tocado al mismo tempo, y el somnoliento Havertz despertó y aprovechó el envío haciendo lo que mejor se le da: el último movimiento, el control y el tiro colocado.