por Fernando Alonso (Aston Martin) y Carlos Sainz (Williams), que sufrieron otra mala carrera. Las gorras de los dos pilotos fueron las dos que más se vieron en el Madring a pesar de que el asturiano acabó en la penúltima posición (17º) y el madrileño se retiró tras un rifirrafe entre ellos con toque incluido que le valió una penalización de cinco segundos. El público asistió a la carrera sin saber si esta será la última vez que podrá ver correr en Madrid a Alonso, el hombre que prendió el fervor por la Fórmula 1 en España, mientras el calor abrasador por los 32 grados que había al mediodía, intensificado por el efecto del asfalto, hacía sudar a los miles de aficionados sentados en las tribunas, la mayoría de ellas sin techar.
La organización colocó dispensadores de crema solar y varias fuentes de agua por el recinto debido a las altas temperaturas, pero no atajó las críticas de los asistentes por no poder acceder con comida en lo que muchos consideran una práctica abusiva. en metro al estar dentro de la ciudad, una comodidad que no existe en circuitos como el de Malasia (Sepang) o Shanghái. Según los últimos datos del Gobierno regional, fueron 115.000 las personas que cogieron el suburbano. “Felicidades a la organización, a los equipos y a los aficionados. Orgullosos de recibir a miles de personas en nuestra comunidad. El año que viene, aún mejor”, escribió la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (PP), en su cuenta de X. El alcalde de la ciudad, el también popular José Luis Martínez Almeida, utilizó la palabra “proeza” para referirse a la construcción del circuito en apenas 15 meses: “Hemos sido capaces de hacerlo en las mejores condiciones”.
Muchos otros aficionados, los más de 20.000 vips, llegaron en los transportes privados habilitados por la organización después de pagar miles de euros por las entradas de categoría hospitality, una experiencia que incluye acceso al paddock, la zona exclusiva que funciona como centro de operaciones en la que se mueven los pilotos, los ingenieros y los famosos que acuden al evento y que también sirve para realizar negocios y firmar contratos. Por allí pasaron este domingo el rey Felipe VI, que entregó el trofeo a Antonelli y estuvo acompañado por sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, o personalidades como Rafael Nadal, Zinedine Zidane, Luis Figo, José Mourinho y una amplia representación de jugadores del Real Madrid. “Que siga habiendo eventos de este nivel en España es una gran noticia para el país. Madrid lleva años en continuo crecimiento acogiendo eventos internacionales de diferentes ámbitos y de primer nivel. Lo que hace es de hacer de nuestro país más internacional de lo que es y que nos convirtamos en referencia”, apuntó Nadal.
Aún no hay cifras del impacto económico del evento, pero un informe de PwC publicado antes de la celebración lo cuantificaba en 467 millones de euros, además de otros 83 millones en impuestos y cotizaciones sociales y unos 8.850 puestos de trabajo generados. La factura del proyecto, según la oposición, asciende casi a 500 millones, pero las cantidades aún no se pueden comparar porque hacen referencia a distintos periodos de tiempo.
El presidente de la Federación Internacional de Automóvil (FIA), Mohammed ben Sulayem, afirmaba estos días que le gustaría que la ciudad, la única capital europea en acoger un Gran Premio, se convirtiera en una “referencia permanente que deje huella”: “¿Puede ser la capital de Europa? Pues sí, porque es la pasión, el deseo, la entrega”. Madrid figura otra vez en el mapa de la visibilidad que da la F1.