Verstappen firma la ‘pole’ en Sepang y Red Bull encuentra al fin lo que buscaba

Hasta la sustitución de Christian Horner por Laurent Mekies en el cargo de director, Red Bull había liquidado o denigrado a su filial (Racing Bulls) hasta cinco pilotos en los últimos diez años, todos ellos después de quedar en evidencia al cruzar sus números con los de Max Verstappen. El equipo energético compite con dos coches porque no puede hacerlo solo con el del holandés. Pero eso no quita que el peso de todo .

Nadie mejor que Checo Pérez para resumir la filosofía de la escudería del búfalo rojo, que le contrató en 2021 y tiró de él para que Verstappen se coronara por primera vez campeón, y que cuatro años después le dejó sin volante a pesar de haber anunciado su renovación. “Ya solo ser compañero de Max es difícil; serlo en Red Bull es el peor trabajo que uno puede tener en la Fórmula 1, y de lejos”, asumía el mexicano, hace unos meses, en un podcast en el que se vació por completo. “Este proyecto está hecho para Max. La primera vez que me senté con Christian, él me dejó claro que, si corrían con dos coches, era porque estaban obligados a hacerlo. Pero que, si por ellos fuera, solo pondrían en pista el de Max”, añade el ahora corredor de Cadillac.

El de Jalisco salió en globo igual que antes lo hicieron otros, convertidos en juguetes rotos por la exigencia malentendida de quienes manejaban la compañía, con Horner y el trasnochado Helmut Marko al volante. Ahora ya no está ninguno de los dos y es Mekies quien dirige el cotarro en Milton Keynes. Nadie agradece más ese relevo que Isack Hadjar, actual vecino de garaje de ‘Mad Max’ y, donde el francés firmó su segundo podio de la temporada a pesar de haberse tenido que subir a un tren en marcha: reapareció en Azerbaiyán después de haberse perdido las tres anteriores carreras, como consecuencia de una lesión que se hizo en la muñeca mientras practicaba boxeo, el pasado verano.

Hadjar encara con brío el futuro mientras mira con recelo al pasado, sabedor de la complejidad del papel que juega en una organización que bascula siempre hacia el otro lado del taller. Su misión es la de tratar de estar lo más cerca posible de Verstappen, algo mucho más fácil de decir que de hacer, y por eso tiene tanto mérito En uno de los circuitos más peliagudos del calendario se las apañó para colocar su monoplaza el cuarto en parrilla, por delante de Verstappen (octavo), y para cruzar la meta justo detrás de su jefe de filas, a quien escoltó durante la mayor parte de la prueba sin llegar a tirarle el coche, a pesar de rodar más rápido que él en según qué momentos.

“Puedo ir dos o tres décimas más rápido, pero estoy bien aquí. Si le adelanto perderemos tiempo”, soltó Hadjar, por la radio, en la vuelta 17, cuando circulaba pegado al trasero de Verstappen, que sufría por el estado de las gomas de su monoplaza. “Lo que hizo Isack fue excepcional”, le piropeó Mekies. “En el fin de semana de su regreso ha vuelto a elevar el listón. En la primera parte del curso, cada vez que ha salido a pista ha aportado algo nuevo, y sigue haciéndolo. Esta vez corrió con mucha inteligencia junto a Max, y nos llevó a poder conseguir el mejor resultado posible”, desgrana el ejecutivo, que esa misma semana certificó la renovación del galo.

Este domingo (9.00 horas, Dazn), en Sepang, donde el conflicto en Oriente Medio llevó a trasladar el Gran Premio de Baréin, Hadjar tendrá una nueva oportunidad para ganarse el puesto y la gracia de su jefe de filas, aunque no le vaya a resultar fácil. Verstappen firmó su primera ‘pole’ del curso para Red Bull, por delante de Lewis Hamilton, que en el último instante le birló la segunda plaza al compañero del tetracampeón del mundo, que firmó su mejor sábado hasta ahora. A pesar de ello, la penalización de cinco puestos que arrastra por haber descorchado un nuevo motor, que le llevará hasta la octava posición. En un trazado como el malayo, en el que se puede adelantar y en el que habrá mucha degradación de neumáticos, el chico se frota las manos. , y justo por delante de Carlos Sainz (13º).