Desde que Liberty Media comenzó a rentabilizar el dineral que se gastó en comprar la Fórmula 1, el campeonato ha tomado un rumbo en el que la purpurina y los neones mandan por encima del cronómetro, y eso es aplicable a cualquier elemento, también a los circuitos. Templos históricos como Spa , pero ahora están en peligro ante la llegada de trazados de otra naturaleza. Mención especial tienen los urbanos, donde los monoplazas transitan en formación y el público los contempla, aunque adelantamientos no haya ni uno. El de Sepang se cuenta entre los primeros, y este domingo quedó claro por qué está considerado uno de los mejores del mundo. Es rápido, ancho y con curvas para todos los gustos. Y si estas hechuras se aliñan con una tormenta tropical de las que casi cada tarde empapan la zona sur de Kuala Lumpur, es normal que la función sea sideral. Puede que incluso demasiado. Sobre todo, para la organización y la Federación Internacional del Automóvil (FIA), que pasó un bochorno considerable por culpa de la lluvia.
Verstappen no se ha convertido en el eje central del Mundial simplemente por sus atributos con un volante en la mano, que son absolutamente de otro planeta, sino también por lo que transmite y cómo lo hace, a pesar de haber cambiado mucho a medida que se ha ido haciendo mayor. El contraste entre aquel adolescente que debutó en el circuito de Albert Park (2015) con solo 17 años, capaz de liarse a empujones con Esteban Ocon por un incidente en pista en Brasil (2018) no tiene nada que ver con el piloto de 29 años en el que se ha convertido, cuatro coronas de campeón consecutivas después (2021-2024), y ya como padre de familia. Lo que ocurre es que uno no le puede pedir a alguien que se ha ganado a pulso el apodo de Mad Max, pase a ser un adalid de la serenidad. Hasta hace poco, los mensajes que lanzaba Verstappen difícilmente estaban limpios de alguna palabra de las gruesas, debido a los sustos que le provocaba su monoplaza, muy inestable y poco equilibrado, circunstancia que derivaba en un alarmante maltrato a los neumáticos. , la semana pasada, donde la escudería energética introdujo un gran paquete de mejoras que le dieron la vuelta al RB22, que, de la noche a la mañana pasó a poder pelear por cotas mucho mayores.
El doble podio del holandés y su compañero, Isack Hadjar, por el pasadizo lleno de trampas de Bakú, anticipó el paso adelante que quedó totalmente contrastado este fin de semana, en un evento esperpéntico en todos los sentidos: el Gran Premio de Bahréin se celebró en Malasia, un país que está fuera del calendario, donde los bólidos adquirieron vida propia durante unos instantes. Hay que hacer lo posible para volver a correr allí.