A Red Bull hay que temerle siempre por todo lo que ha hecho en la Fórmula 1, pero esta temporada se le hará corta a la escudería del búfalo rojo y a Max Verstappen, la piedra angular de su proyecto, que comenzaron el curso con un bólido con sobrepeso y perezoso, y que lo terminará muy probablemente como la referencia de la parrilla. El holandés arrancó jugando al despiste , donde la marca energética ya apunta desde hace meses para volver a la gresca por el título.
A menos que se precipite una hecatombe, el de este año ya tiene dueño y será de los relevantes; de esos que pasan a la historia por lo que suponen: Kimi Antonelli podría coronarse ya en Austin, dentro de dos semanas, cinco citas antes del final.(Sebastian Vettel). Hará bien el veinteañero de Mercedes en celebrarlo como es debido, porque todo parece dispuesto para que la batalla se recrudezca el próximo ejercicio. Si tenemos en cuenta cómo van las cosas en este segundo tramo de calendario, y que el reglamento simplemente se retocará un poco, puntual a la fiesta se presentará Verstappen, que vuelve a dar el miedo de siempre.
Mad Max no tiene nada que demostrar, pero lo hace casi cada vez que sale a la pista. En Singapur, ahora que ya dispone de un bólido a su nivel, lideró la marcha de cada año por el circuito de Marina Bay, donde nunca antes había ganado y donde firmó su segundo triunfo consecutivo. La gracia la puso Ferrari a costa de Lewis Hamilton. Los estrategas de la Scuderia dejaron al británico completamente vendido, con los neumáticos de su coche completamente fritos y a merced de Antonelli y Lando Norris (cuarto), que le pasaron prácticamente por encima a falta de ocho giros. Charles Leclerc (segundo) fue esta vez il preferiti de la marca de Maranello, que le llamó dos veces al taller para que blindara la segunda plaza, mientras que Antonelli volvió a sacar tajada y se encaramó a un podio que no pintaba fácil. La novena posición de George Russell hace que la diferencia entre la pareja de Mercedes al frente de la tabla sea de 102 puntos, circunstancia que le otorga al boloñés la primera bola de partido para cerrar el Mundial en Texas, donde debería ganar, sí o sí, y esperar a que su vecino de taller vuelva a tener un mal día y no termine entre los ocho primeros. Carlos Sainz finalizó el 14º y Fernando Alonso, el 16º.