El agua se une a los chalecos de hielo que se ponen los ciclistas antes y después de la jornada laboral, además de las bolsas congeladas que se frotan por la nuca y brazos, también piernas, durante la carrera. “Si hace más calor tendremos que hacer una reunión entre todos porque sería peligroso salir”, . Y el lamento del líder se hizo hecho, pues la organización, atenta con el protocolo por temperaturas extremas, resolvió, junto con el Colegio de Comisarios, representantes de los equipos, corredores y dirección de carrera, podar la etapa de este domingo, de 189,7 kilómetros a 110, 2 bien quebrados y trufados de dos puertos de tercera categoría y una llegada en llano.
Tan rápido se rodó, bien enfilado el pelotón, que no todos los ciclistas pudieron seguir el ritmo, como si Hansel dejara migas de pan a su paso, desfondados los que ya sobreviven antes que compiten. Pero los hay con objetivos, como es el caso de Cofidis y Visma en los finales señalados como probables sprints masivos; y los hay con fuerzas, como los 11 ciclistas que le echaron un pulso infructuoso al mundo. También los hay estrategas, como el equipo UAE, que al alcanzar el Puerto de Artafi, decidió poner el ritmo para desgastar a todos y propulsar el ataque de Gogl, además de descolgar a sprinters, menos candidatos para el triunfo final. Y, claro, los hay , ya vencedor de una etapa, que a falta de 30 kilómetros para la bandera a cuadros hizo la fuga de la fuga... Junto a él, poco después se unieron Debruyne (Alpecin), Nys (Lidl-Trek) y Romele (Astana), además de Van Aert (Visma). Y eso ya eran palabras mayores porque pocos tienen el motor del belga, clasicómano por vocación, feliz por la orografía de la etapa, y campeón por definición.
Como ogro de los escapados, Hulk en bicicleta, Van Aert atacó a falta de 17 kilómetros. No se salió con la suya. Pero se sabía con las mejores piernas y ya se limitó a controlar las ambiciones de los otros cuatro jinetes para arrancar en los últimos metros y evidenciar que no hay un tipo más duro, resistente y eficaz en el pelotón. Levantó los brazos cuando el resto maldijo, aunque todos resoplaron de alivio porque la tormenta, por unas horas, había pasado.