La selección dejó su peor cara tras apenas tener 16 horas de descanso entre el final del y la cita ante Malí, consecuencia de un torneo concentrado en solo 10 días. Mal asunto ante un equipo como el africano, que exigía piernas fuertes y manos rápidas. A España le falló ese despliegue tanto como el juego. Como reflejo, un balance de 42 tiros de campo fallados y una secuencia fatídica en los triples: 4 de 22. Sin antídoto colectivo, brilló Iyana Martín (20 puntos, cinco rebotes y cuatro asistencias) ante una Malí liderada por Sika Koné (19 puntos y 10 rebotes), la ala-pívot habitual MVP en la Liga femenina Endesa.
El guión se torció pronto. Por el cansancio o porque el rival aparentaba menos caché, a España le costó arrancar la moto y no sumó la primera canasta en juego hasta pasados los dos minutos, una combinación entre Iyana y Conde que la alero convirtió a aro pasado. Aunque la selección no era la misma que había arrollado a las anfitrionas. Tropezaba en el lanzamiento y en el pase, más lenta e imprecisa, mientras las carreras de Malí concedieron a la selección africana una ventaja inicial (8-3) que Méndez intentó frenar con un temprano tiempo muerto para resetear. eran escupidos esta vez por el aro (cinco primeros triples fallados). El técnico empezó a repartir cargas y minutos y Gustafson comandó a esa segunda unidad para espabilar al equipo español. La selección comenzó a contener las rápidas transiciones y los ataques cortos de Malí y a circular el balón con un punto más de velocidad. Había trabajo por delante en el Max Schmeling Halle (19-17 al final del primer cuarto).
La recuperación debía comenzar por reconstruir una defensa que había concedido demasiado. A la selección le costaba frenar esa básica fórmula de rebote y pase largo que explotaba Malí para lanzar a alguna velocista y atacar la canasta española. La solución pasaba por afinar la muñeca y no conceder esa oportunidad del contragolpe, pero los porcentajes de las jugadoras de rojo andaban por los suelos (22 tiros de campo fallados en los dos primeros cuartos) y las imprecisiones en el pase eran moneda común. El triple era un drama: 0 de 9 en el descanso. La reacción llegó de la mano de Iyana y de su conexión con Awa para atrapar una mínima ventaja (32-34) ante un conjunto africano muy físico en un duelo de mucho cuerpo a cuerpo.