Kaspárov, amenazado de muerte por el entorno de Putin, liga su seguridad a la victoria de Ucrania

​“No es una sorpresa, pero sí un golpe duro”, reconoce Kaspárov en un artículo en su boletín The Next Move. Lo escribió desde Estrasburgo (Francia), adonde voló para “presionar” al Tribunal de Derechos Humanos de la Unión Europea con respecto a la guerra de Ucrania. “Es fundamental crear mecanismos jurídicos para desbloquear los fondos rusos congelados, especialmente en Bélgica”, añade. También revela que los servicios secretos de Lituania y EE UU avisaron este verano a Ilya Ponomarev (político ruso-ucranio ahora exiliado) y a él mismo, respectivamente, de que sus vidas corrían un serio peligro.

Y, en efecto, la sorpresa es muy relativa porque el nombre de Kaspárov figura desde hace años en las listas de “agentes extranjeros” y “extremistas terroristas” de Putin. Sin embargo, , comentó: “Menos mal que mi esposa no ha venido a saludar porque entonces no hubiera podido hablar con tanta libertad sobre las amenazas contra mí”.

​Considerado por muchos como el mejor jugador de la historia (fue número uno durante 20 años consecutivos), Kaspárov tras ganar por novena vez el torneo de Linares (Jaén), el Wimbledon del ajedrez. Ese mismo día anunció que Putin pasaba a ser una prioridad en su vida: “Todas las personas decentes deben luchar para derrocar a ese dictador”. Nunca escondió sus simpatías políticas, desde muy joven: primero le gustó ser un embajador de la perestroika, el espíritu renovador de Mijaíl Gorbachov, con quien rompió abruptamente tras culparlo (por no haber enviado tropas preventivas) de las matanzas callejeras de 1990 contra los armenios en Bakú (Azerbaiyán), donde él nació en 1963 de madre armenia y padre judío.

​Cuando, menos de un año después (enero de 2006), ya vivía rodeado de guardaespaldas, tras ser agredido dos veces en la calle, y se movía en un coche blindado. Lo detuvieron en 2007 durante tres días; su encarnizado rival, Anatoli Kárpov, le llevó revistas de ajedrez a la comisaría donde estaba encerrado. Hacia 2012, Kaspárov tenía información muy fidedigna de que los sectores más radicales próximos a Putin planeaban asesinar a uno de los tres opositores más famosos. Ello le incitó a tomar una de las decisiones más difíciles de su vida: emigrar a Nueva York quien educó a su único hijo para que en su vida solo cupieran objetivos grandiosos. En 2014, cuando EL PAÍS le acompañó en una gira en un avión privado, llamar a su madre era lo primero que Kaspárov hacía tras cada aterrizaje.

​“La victoria de Ucrania sigue siendo, para mí, la mejor garantía de seguridad”, escribió Kaspárov en X el miércoles por la noche en el post que enlazaba con el mencionado artículo, donde también se lee: “Hace mucho tiempo que decidí que iba a hacer lo que sabía que era lo correcto”. Esa frase conecta muy bien con otra, inolvidable para quien la escucha, que su madre dijo a EL PAÍS Semanal en diciembre de 1985, mes y medio después de que Kaspárov se convirtiera en el campeón del mundo más joven de la historia, a los 22 años: “Vivir por el placer de vivir es algo que ni mi hijo ni yo comprendemos”.

Preguntado este jueves por el significado de esa frase para él hoy, Kaspárov respondió nada más aterrizar en Nueva York, procedente de Estrasburgo: “No reniego de las máximas de vida que me enseñó mi madre”.