Difícil contradecir lo que tan claro expone la Organización Mundial de la Salud (OMS): niños y adolescentes de entre 5 y 17 años deben realizar unos 60 minutos de actividad física diaria, en rutinas que incluyan ejercicios aeróbicos intensos y, al menos tres veces por semana, otros que refuercen sus huesos y músculos. La receta contra los males del sedentarismo debe comenzar a aplicarse desde pequeños (Unicef demostró en 2025 que, por primera vez en la historia, la obesidad superaba al bajo peso como forma dominante de malnutrición en el mundo entre niños y adolescentes).
Padres y madres lo saben, hay conciencia de que con las horas lectivas de Educación Física en el colegio no alcanza. Pero la duda suele surgir a continuación: ¿cómo cumplir el objetivo? ¿Apunto a mis hijos e hijas a un gimnasio o a un deporte? ¿Da igual elegir una disciplina individual o es preferible un deporte de equipo?
Para ser más longevo y alcanzar mejor calidad de vida, para tener una descendencia saludable e incluso para disfrutar de mejores aptitudes sociales, hay que practicar deporte: la neurocientífica y exjugadora de baloncesto Raquel Marín expresa el aplastante acuerdo al respecto de la evidencia científica. Y señala también hasta qué punto la práctica en edad temprana de aquellos deportes que se realizan con compañeros con los que perseguir objetivos comunes ofrece más oportunidades, tiene más virtudes. Pocos como el baloncesto aúnan, en su opinión, entrenamiento físico, aprendizaje social y desarrollo cognitivo; una tesis con la que concuerda Jon Burzaco, jefe de los servicios médicos del Movistar Estudiantes.
¿Entonces, apuntamos a nuestros hijos e hijas a baloncesto? A continuación, los argumentos de los expertos para convencernos, resumidos.
Porque enseña a moverse antes que a competir
Es durante la infancia y la adolescencia cuando los cuerpos más cambian, cuando, casi de un año para otro, creces 20 centímetros, se elongan las piernas, los brazos… El entrenamiento deportivo debe tenerlo en cuenta, como señala Azahara Fort, investigadora y preparadora física del club de cantera de básquet Siglo XXI. En baloncesto, lo primero que se entrena son habilidades psicomotrices útiles para toda la vida. Y es que…
Un deporte que mejora todo a la vez
En baloncesto, como resume Burzaco, “necesitas correr, frenar, saltar, girar, cambiar de dirección, coordinar brazos y piernas en una secuencia... Es un deporte completo que implica a todo el cuerpo y en el que el practicante construye e integra patrones de movimiento muy ricos”. No se entrena un gesto, se prepara al cuerpo para una buena respuesta ante casi cualquier estímulo o esfuerzo físico.
Porque fortalece sin castigar
En edades tempranas, la combinación de trabajo de fuerza y ejercicio aeróbico es tan imprescindible como para los adultos, como indica la OMS, pero no se entrena de la misma forma. Necesitas máxima precaución, estar rodeado de profesionales. “No podemos ir a cargas máximas”, explica Burzaco: “Se trabaja la fuerza con intensidades variables pero, normalmente, en un rango entre el 30% y el 60% de la capacidad máxima de los chicos y chicas. Se dosifica el esfuerzo para adquirir tono muscular, mejorando a la vez estabilidad y resistencia y sin someter al cuerpo a sobrecargas prematuras”.
Porque el ejercicio también ‘fabrica’ cerebro
Porque se aprende mejor con cerebros sincronizados
Porque mejora la velocidad de procesamiento mental y la toma de decisiones
Porque enseña pertenencia y verdadero trabajo en equipo
Porque enseña a manejar la presión y convivir con el error
En deportes individuales, el practicante se halla solo ante el fallo, ante el cansancio, ante la frustración. La mejora individual cabe en todos los deportes colectivos pero, al contrario, el desabrigo del componente competitivo que lleva implícita la práctica deportiva tiene menos margen para hacer mella en el deportista infantil o adolescente cuando forma parte de un equipo. Lo del baloncesto es pura educación emocional. El error se comparte y diluye su peso, la culpa; la conciencia de que la mejoría propia o el cumplimiento del objetivo se alcanzan también en común proporciona una red que hace más fácil ese aprendizaje esencial para la vida adulta: la tolerancia ante el fracaso, la perspectiva para mirar con menos dramatismo lo que uno hace y gestionar bien la presión que conlleva cada decisión.
Apuntar a un niño o una niña a baloncesto es un gesto que, más allá de que sirva para lograr o no una carrera deportiva, garantiza algo mucho más útil: un cuerpo mejor entrenado, una cabeza más flexible y una manera más inteligente de relacionarse con los otros. No es solo un deporte. Es una educación.
Pero por si todavía no anduviera convencido, Burzaco, que en su juventud practicó judo y ciclismo y no baloncesto pero envidiaba esa fraternidad entre los integrantes del equipo, quiere añadir otro factor que considera fundamental para decantarse por el básquet: ¡el buen ambiente! “Es un deporte donde la afición es respetuosa con los suyos y con el rival, donde los valores del deporte imperan y eso se nota mucho y para mí marca diferencias”.