“Es buenísimo”, comenta el exdirector Albert Costa por la mañana, durante una conversación informal con un par de periodistas. “Y eso que aún está por hacerse. Todavía no hay músculo, así que en un par de años, cuando se haya trabajado…”, prosigue el campeón del Roland Garros de 2002, tan asombrado como el resto. . Y ahí hay un ganador que aprieta los dientes con fuerza hasta para hacerse el selfi con los críos después de otra actuación deslumbrante. En su ideario no existe margen alguno para las relajaciones. Norrie no es ningún cualquiera, sino un tenista más que bregado que compensa las deficiencias de ese golpeo extraño con batalla, inteligencia e instinto. Pero lo sabe: no tiene nada que hacer.
“Es que Rafa es muy bueno”, corrobora también el presidente de la federación, Miguel Díaz, antes de felicitar al padre, que debe frenar el paso porque su hijo continúa firmando autógrafos de camino al vestuario y se forma un pequeño embudo cuando el pasillo se estrecha. Como si llevara haciéndolo toda la vida. ¿De dónde viene esa serenidad? “Soy muy tranquilo dentro y fuera de la pista”, le desliza a Tomás Carbonell en la entrevista. Discurso muy nadaliano: todo es poco. Más, más y más. Jamás conforme. “Siempre quiero más”. ¿A por todo en Barcelona? “Claro, claro”. La duda ofende. “. Esa es mi mentalidad, así lo he afrontado en los últimos meses”.
Después de lograr otra victoria, ocho del tirón en la gira de tierra batida y 12ª en los 13 últimos partidos, Jódar da cachetes a la red como si le hubiera sabido a poco, como si quisiera más. “Ha sido un partido muy duro, pero creo que he sabido controlar muy bien los momentos”, explicará ante los periodistas, contestando de la misma forma que compite: con el piloto automático. Lo importante estaba ahí fuera, en la arena. Una vez que se quita la gorra se descubre el rostro juvenil que contrasta con ese gesto feroz y pantojil de antes: dientes, dientes... Habitualmente muy contenido, esta vez ha soltado un buen par de alaridos: “Eran puntos importantes y está muy bien que te aplaudan”.
Y agrega: “Cuando juegas en tu país y viene tanta gente a verte es una satisfacción extra”. “, no ha cambiado nada. Estoy mejorando diferentes aspectos de mi juego y está yendo muy bien. Pero sé que tengo que seguir”, prolonga antes de añadir que tiene una conexión “especial” con su padre, señor grandote y pelo cano, y que ambos se llevan muy bien. Se enfrentará este sábado en las semifinales (16.00, Teledeporte y Movistar+) al francés Arthur Fils, pegador de 21 años (30º) y cuyo físico tiende a fallar; en esta ocasión, superior a Lorenzo Musetti (6-3 y 6-4). En el otro cruce, el Rublev-Medjedovic. “Si ha llegado hasta aquí es porque lo ha hecho muy bien”, asevera, siempre serio. Por descubrir su sonrisa.
Otra cosa es lo de Miquel, un recogepelotas de unos 10 años que abandona la pista central del RCTB excitado, más contento que unas castañuelas. Él, afortunado. Enseña el trofeo orgulloso: “Fils me ha regalado su muñequera… ¡Y luego Rafa me la ha firmado! ¡Vamos, Rafa!”.