Iga Swiatek desembarcó el curso pasado en la Caja Mágica de Madrid sumida en una profunda crisis, tras una sequía de un año y desprotegida técnica, táctica y anímicamente. No se le había conocido así de vulnerable. Sin embargo, la tenista polaca no es de las que se rindan con facilidad. , decía en un encuentro con este periódico, convencida de que el retorno llegaría más pronto que tarde. Y así fue. Apenas mes y medio después alzó su quinto grande, en Wimbledon, pero tras el logro fue perdiendo otra vez la brújula de manera progresiva y este 2026 se traduce en una sucesión de resultados muy discretos, nada acordes a una competidora de su envergadura.
“Jamás he entrenado tanto como ahora”, bromea. “Pero en el tenis no puedes esperar nada. Lo único que puedes hacer es enfocarte en el trabajo e ir partido a partido. Ahora mismo estoy centrada en mi primer partido, o más bien ni siquiera en el partido todavía, sino en los entrenamientos y en adaptarme a las condiciones”, precisa la ganadora de seis majors; “solo quiero aprovechar bien el tiempo y, luego en pista, poder hacer lo que hemos estado trabajando con Francis”. Ese Francis es Roig, el hombre (58 años) que aderezó con sus directrices el tenis de Nadal desde 2005, cuando se integró en la estructura del equipo del balear como colaborador. .
En 2025 no pudo atrapar su cuarto cetro consecutivo en París, vencida en las semifinales, y ya solo se le resiste Australia entre los cuatro grandes. Su último trofeo data de agosto (Cincinnati) y ahora se atiene a los tiempos del proceso: milagros, a Lourdes. En el tenis rara vez hay algo instantáneo. “Él y yo compartimos la misma forma de ver las cosas”, se refiere a Roig; “pero los cambios no se producen en una semana ni un mes. Mentalmente hay que modificar una serie de cosas hasta que se vuelvan automáticas. Estoy intentando tener paciencia y no espero jugar perfecto de repente. La idea está ahí, el proceso ha empezado, y eso me hace estar motivada”.
De momento, el primer ensayo no obtuvo el resultado deseado, al caer en la segunda estación de Stuttgart frente a Mirra Andreeva, pero la polaca confía en haber cogido el impulso necesario en la isla. Cuenta que le gusta la gastronomía española y que estos días comerá algo de pulpo y gambas, y que también probará alguna que otra croqueta. “Pero sin pasarme”, matiza, al mismo tiempo que trasmite que explorará “tiendas locales” y se tomará “un buen café” para tratar de reconquistar la arena de Madrid, que hizo suya hace dos años. “Los jugadores españoles suelen ser muy sólidos, y eso me ayuda”, mientras algunas rivales bromearon al verle recibir instrucciones de Nadal, caso de Madison Keys: “¡Eso debería estar prohibido…!”.