Descubre Rafael Jódar otro de los peajes necesarios para seguir explorando las alturas del circuito, eso de que el partido se alargue y se endurezca y el viento venga de cara, cuando en las piernas ya hay una buena dosis de tralla y el de enfrente va de menos a más. Arthur Fils, uno los jóvenes que en teoría debería ir haciéndose un hueco ahí arriba, ha cogido el puntillo y hace por fin diana: ¡Pam! En consecuencia, termina aquí el bonito recorrido del español en este Godó que y que coronará este domingo (16.00, Teledeporte y Movistar+) al francés o al ruso Andrey Rublev (3-6, 6-2 y 6-2 a Hamad Mejedovic). Sin embargo, el recuerdo será otro: de promesa, nada. Ya realidad.
Antes, Dani Olmo, un tipo sutil con el balón, observa desde uno de los palcos de las celebridades y le da un toque en la espalda a su amigo, que corrobora: Eric, Eric, ¿tú has visto eso? Guau. Efectivamente, vaya forma de sacudirle a la bola. Fils arma el brazo rápido y cuando ajusta la mirilla, su descarga viaja hacia las profundidades de la pista como un proyectil, empapado de ese espíritu y ese porte de pegador que tenía el técnico que le dirige desde el banquillo. A , también se le va inevitablemente la mirada hacia el otro lado, analizando: Jódar, un mundo todavía por descubrir. ¿Será o no lo que parece? Buena pinta tiene, desde luego. El duelo es de igual a igual.
Pegan uno y otro desde los fondos, como si hubieran minado la red, y sobre las líneas va decidiéndose una partida sin pliegues ni acertijos. Sencillamente, esto se lo va a llevar el que sea más duro de mollera, porque va de eso, de resistir, de saber encajar, de no bajar los brazos y ganárselo. Francia sueña desde tiempos ya casi pretéritos con un gran campeón, pero todavía no hay quien recoja el testigo del gran Yannick Noah, ese que una vez se comió a bocados un Roland Garros; desde aquel año, 1983, únicamente gloria para sus chicas: Pierce, Mauresmo, Bartoli. Ninguna huella ganadora por parte de ellos. Entonces, ¿creer o no creer en Fils? De momento, toda la cautela.
El joven galo tiene tiros y abundancia de tren inferior, pero todavía le cuesta interpretar el juego y su físico tiende a jugarle malas pasadas, hasta ocho meses fuera de combate por la espalda hace no mucho. Se preguntaba Fils la tarde previa qué demonios pasa con el tenis español, de dónde viene esa producción y esos brotes tan verdes, semejante factoría; y por qué en un abrir de ojos ha brotado este Jódar que rema y rema, y que le niega en el primer set hasta seis opciones de break. A la segunda, el madrileño acierta. Eso pasa: se llama orden, criterio, acierto. Escuela. Que no todo va a ser reventarla. Saber auscultar e identificar cuándo uno debe jugársela y cuándo no.
Suena fuerte la machacona mezcla de Quevedo con Bizarrap: “¡Quéeeeedate…!”. Y a eso se agarra con fe Jódar, más templado, resiliente, crecido cada vez que el rival le pone contra las cuerdas y amenaza. Sin embargo, también saca las garras el francés para sostenerse y se anima, tensiones fuera y una voz a tiempo, tan importante siempre. Ese grito, un legado ya internacionalizado. Lo expulsaba un par de horas antes Medjedovic y ahora Fils, harto de tanto darle, darle y más darle. Pero es lo que hay, amigo. Es lo que toca. La precipitación se paga. “¡Vamos!”. Así llega la rotura para él, 5-3, y así equilibra el partido. Aguanta acto seguido las arremetidas con esa paciencia necesaria.
La curva va invirtiéndose y definitivamente se desata el vendaval. Ahí hay un francés marcando el ritmo y cada vez más inspirado, con mayor precisión en el tiro y jugando sin pensar. Fluir, la llave. Ahora sí, esa derecha escupe fuego y Jódar mira ligeramente a su banquillo, a ver si da con algo por medio del consejo de Rafael sénior. “Mi padre siempre tiene soluciones”, decía. Pero esta vez no hay remedio. En esta ocasión, la cadencia impuesta le supera, aunque asoma la esperanza cuando dispone de una oportunidad de reengancharse que el adversario desbarata invirtiéndose y colocando la bola en el ángulo. No será esta vez, pues. Sin embargo, el tenis y Barcelona así lo dicen: ojito con Jódar.