Tim Wellens gana una Clásica de Jaén que ya se ha hecho mayor

Antes de convertirse en un ogro, escapadas estúpidas y hermosas en grandes y pequeñas vueltas o enamorarse de los paisajes con nieve de Teruel, que recorre por caminos de tierra en el frío otoño de 2019 acompañado de su amigo también un poco lunático, camino de Bélgica, 1.500 kilómetros más allá. Fue una aventura-entrenamiento en la soledad de la que ellos llamaron la Laponia española, tan desoladoramente sola, con algo de introspección mística. la carrera de febrero a través de los olivos de Úbeda, y sus caminos viejos de tierra para ir a varear, por donde don Antonio paseaba pensando en Soria. Mar de Olivos, Juancaballo, Santa Eulalia, San Bartolomé… Wellens es un clásico en la clásica, que acaba de cumplir cinco años, ya no es una niña, y él, que ya tiene 34 años, la celebró ganándola a lo grande. En las cuatro anteriores, tanto la quiere, terminó décimo, cuarto, tercero y segundo.

Pidcock fue segundo, y Cosnefroy, tercero después de que descalificaran a Christen por tirar al belga Van Gils en la pelea por ser tercero.

Antes de dejarse absorber por el sistema y convertirse en el mejor amigo, y confidente, de Tadej Pogacar en el UAE, y de correr al estilo del esloveno inclemente, ay de los vencidos, Wellens corría en el Lotto, y corrió en las tierras de Jaén buscando disfrutar, encontrando entre árboles milenarios alguna memoria de lo que encontraba en sus carreras favoritas, las clásicas belgas de ciclismo antiguo, supervivencia, donde la naturaleza, el sudor y caminos empinados de pedruscos se unen. Después entró en la maquinaria del UAE. Un piñón más en una división acorazada que todo lo puede. En el Tour, el mismo Wellens ganó con la misma fórmula una etapa en Carcasona: una fuga y un equipo que atemoriza a quien intente ir a por él, a Romeo también. Después le enseña a Pogacar los secretos de Roubaix y esta primavera le ayudará a ganar por fin el Monumento que más desea. Y quizás, aún le quepa en el alma algún momento de melancolía, del joven Welles, tanto talento, y el punto de locura.