La excepcional Paula Blasi gana la Amstel Gold Race con un ataque a 20 kilómetros de meta

Las ilusiones y esperanzas de los mejores ciclistas españoles para clásicas, Samuel Sánchez, Alejandro Valverde, Óscar Freire…, chocaron siempre con el Cauberg, una colinita y un falso llano hacia Valkenburgo, en el Limburgo holandés. Valverde, rey de Lieja, nunca pudo con la subida que decide siempre la Amstel, y cuando pasó por allí el Tour, se cayó a los pies de Eddy Merckx y se rompió la clavícula; Freire, ganador de tres Mundiales, se difuminó allí en 1998 y 2012, cuando se celebraron Mundiales tan cerca de Maastricht, la cuna de Europa. Es el jardín de Jan Raas, uno de los grandes de la historia neerlandesa. Era la colina maldita para el ciclismo español, que nunca pudo con la Amstel Gold Race, la clásica que abre la semana de las Ardenas, hasta que desde Esplugues de Llobregat llega este domingo al mediodía una jovencita llamada Paula Blasi, que casi sin darse cuenta, agarra ligera el manillar de mariposa en la Colnago Y que populariza Tadej Pogacar con sus fugas, levanta el culo ágil y vuela sobre el Cauberg. Detrás, el pelotón se queda mirando a la , que de golpe se ha hecho mayor de edad en su debut en las carreras más grandes del calendario. Nunca la capturarán.

La persiguen las mejores corredoras del pelotón mundial. Detrás de Blasi, que llegó sola a la meta de Valkenburgo, se clasificaron, a 27s, la polaca Kasia Niewiadoma, ganadora del Tour hace dos años, y , que lo ha ganado todo –Tour, Vuelta, Lieja, Flandes…-- y es la diosa de los Países Bajos, el paraíso del ciclismo femenino y cuna de las más grandes del siglo, Marianne Vos, Anna van der Breggen, Annemiek van Vleuten, Leontien van Moorsel… A 43s, la italiana Letizia Paternoster ganó el sprint de un pequeño pelotón en el que figuraba otra española, Mavi García, de 40 años, compañera y maestra de Blasi en el UAE.

La de Blasi, a la que su equipo apuntó a última hora para cubrir bajas por lesiones y enfermedades, desde los tiempos en los que Joane Somarriba ganaba el Tour.

Las lesiones mataron el ímpetu de una prometedora atleta de medio fondo, y dieron a la luz a una campeona ciclista. Cuando ataca Blasi, quedan aún 22 kilómetros para la meta. Luce un sol radiante que tiñe la hierba de verde esmeralda. Parece primavera, Ninguna corredora ha ganado nunca la Amstel con un ataque a solas tan lejano. Ninguna se llamaba Paula Blasi ni corría con la inconsciencia de la catalana, que ni sabía dónde estaba cuando atacó. “La verdad es que, cuando estaba sola y crucé la línea de meta por primera vez [era el cuarto paso de la carrera, que lo hizo cinco veces por el Cauberg], ni siquiera sabía cuántos kilómetros me quedaban. Pensaba: ‘Ojalá me queden solo cinco’, y de repente me dijeron: ‘No, aún te quedan 20’. ‘Uff’, me dije, ‘va a ser un día muy duro en el frente”, explica Blasi en el micrófono de la organización. Lo hace en un inglés tan acelerado como sus pedaladas hacia la victoria. Le quedaban 20 de los 156 kilómetros de la prueba que como una lombriz da vueltas alrededor de Maastricht y Valkenburgo, y tres de las 22 subidas que hacen de la Amstel una carrera de toboganes. “Tardaré semanas, qué digo semanas, meses, en darme cuenta de lo que he hecho. Solo cinco minutos antes de la escapada me quedé rezagada. Así que volví al pelotón y dije: ‘Vale, vamos a intentarlo, a ver si puedo ayudar al equipo’, y entonces, de repente, me encontré en cabeza. No sé ni como lo hice”.

Nunca tiene una ventaja que llegue a los dos minutos. Quienes pensaron que iba a caer sola se equivocaron. Blasi no solo resiste, sino que mantiene una marcha cada vez más rápida (cubre la clásica a una media de 40 por hora). Es un camino de madurez apasionado. No es la misma mujer la que termina que la que empieza, y el tiempo tan poco. El sol se ha ocultado. Nubes negras descargan granizo y frío. Como si hubieran pasado meses desde que, alegre, salió del pelotón, libre y campeona.