Una catarata de emociones. Cientos de horas de entrenamiento. Jornadas de soledad frente a la canasta y, cuando llega el día de la victoria o la derrota, las emociones se desatan. Jalen Marquise Brunson, el base de los Knicks que ha anotado 45 puntos en el quinto partido para darle la victoria decisiva a su equipo para coronarse campeones de la NBA por primera vez en 53 años, está eufórico, pero no lo aparente. Ha sido nombrado el MVP de las series finales con una soberbia actuación durante todos los playoffs.
“No hay palabras para describir lo que siento, pero dediqué mucho tiempo y esfuerzo a intentar ser el mejor jugador posible para ayudar a un equipo a ganar”, sostiene durante la conferencia de prensa después del partido que lo ha encumbrado como una de las estrellas más rutilantes de la historia de la mayor liga de baloncesto profesional. Reconoce que se emocionó tras el pitido final. Ha sido un partido agónico. Los Knicks llegaron a perder por 16 puntos y volvieron a remontar para llevarse las finales. “Al final de la bocina, caminé directo a media cancha, le di la mano a Mitch Johnson y luego me di la vuelta y mi padre estaba allí, y a partir de ahí me sentí emocionado”.
Mucho ha cambiado la vida de Brunson, de 29 años, en las últimas cuatro temporadas desde que fichó por los Knicks. Antes de eso era un suplente de lujo. El sexto hombre de los Dallas Mavericks. El tipo que salía a la cancha para dar descanso a Luka Doncic durante los partidos. Cuando se incorporó al equipo de la Gran Manzana, pocos pensaban que podía tener esta evolución. “Pensé que esto era muy posible”, dice con seguridad. “Con mucho trabajo duro y esfuerzo, supe que era posible. Pero eso era solo una pequeña parte del éxito. El hecho de que todos se unieran, que tuvieran la mentalidad de creer en los demás, sin rendirse nunca, sin importar la situación, eso hizo todo esto posible”.
Brunson fue campeón de la Liga Univesitaria. En aquel momento compartía vestuario con otros dos jugadores que ahora le vuelven a acompañar en los Knicks: Josh Hart, Mikal Bridges y Brunson jugaron juntos en la Universidad de Villanova y luego se reencontraron en Nueva York.
Los Knicks han jugado como un equipo. Han resistido en los momentos de debilidad. Han remontado una desventaja de más de 10 puntos en los cuatro partidos de la serie que han ganado. “Es un momento realmente emocionante saber que no vamos a rendirnos”, dice Brunson con una gorra de campeón calada casi hasta las cejas. El chico, que mide 1,88, agrega: “Solo intentaba salir ahí fuera, solo deseaba que ganáramos. No estaba centrado en nada más que intentar ganar. Salir, correr y simplemente averiguar cómo recortar esa ventaja o ganarla cuando la tengamos”.
El partido del sábado en San Antonio era la primera oportunidad para que se proclamaran campeones del Trofeo Larry O’Brian: “Esta noche jugamos como si quisiéramos volver a casa campeones”.
Mike Brown, el entrenador de los Knicks, ha sido el artífice de convertir a Brunson en un fenómeno. “Espero que me escuchéis, pero Jalen es un candidato a MVP del Top 3. Todo el mundo menciona su nombre de pasada, pero no lo hacen lo suficientemente en serio. La gente dice que es demasiado pequeño, pero es un maldito 1A (entre los tres mejores jugadores de la NBA). Es candidato a MVP”.
La otra cara de la moneda la representa Victor Wembanyama, que en su tercera temporada en la NBA ya ha llegado a las Finales y ha estado a punto de ganarlas. Su equipo, los San Antonio Spurs, han jugado mejor por momentos, pero también ha cometido fallos que los han condenado. “Comparado con cualquier cosa anterior, esta es la mayor lección de mi vida, el mayor momento de aprendizaje. No puedo decirte exactamente cuál es la lección, pero estamos aprendiendo de eso, seguro. Estoy aprendiendo más que en cualquier otro momento de mi vida”, ha repetido una y otra vez el jugador francés de 22 años y 2,24 metros de altura, que ha terminado las series visiblemente cansado. Este ha sido un año increíble en cuanto a experiencia. No creo que pudiéramos haber aprendido más ni ganado más experiencia en una sola carrera de playoffs y en una temporada, y personalmente en 18 meses. Ha sido duro y lleno de lecciones.
Al equipo de San Antonio le ha faltado madurez para poder cerrar los partidos cuando se ponen por delante o, al menos, no desperdiciar una ventaja de dos dígitos. “Me sorprendió que todos los juegos tengan el mismo escenario. Cada cinco partidos de la serie se repetía el mismo escenario: lo implacables que éramos en nuestros errores y ellos en castigarlos”.
El Alien, sobrenombre por el que es conocido por sus habilidades y su altura se siente decepcionado, pero admite que las derrotas también son lecciones. “Una de las cosas que aprendí entre tantas es que el margen de error es muy delgado. Nuestras etapas de dominación son absolutas. Dominamos absolutamente durante la mayor parte de la serie. Pero nuestros errores, nuestros errores, se castigan tan duramente que no podemos tener altibajos como este”.
Wemby sostiene que el equipo se siente mentalmente fuerte cuando está lanzado, pero que las pérdidas y la bajada del ritmo hizo que los Spurs perdieran. “Duele la derrota, pero no voy a huir de eso. Lo uso para alimentarme. No me conformo con no ganar”. Y prosigue: “Como equipo, no hay mejor experiencia que la que acabamos de vivir”, manifiesta Wembayama.
El joven entrenador del equipo del sur de Texas, Mitch Johnson, no puso paños calientes a la derrota: “No estábamos preparados para ganar un campeonato de la NBA. El mejor equipo ganó. Hicimos muchas cosas buenas y no terminamos el trabajo. Eso es lo que es”. Johnson está en contacto permanente con Greg Popovich el histórico entrenador de la franquicia que ahora dirige el área deportiva. “Llevamos básicamente nueve meses de sangre, sudor y lágrimas. Pero se acabó. Así que habrá mucho tiempo para reflexionar”, dijo Mitchell.