Jaime Fernández ejerció de capitán para tomar el volante en los primeros minutos y encender el motor de la selección a golpe de penetraciones. Se asoció Cárdenas para disimular un inicio muy trabado, lastrada la selección por su falta de acierto exterior y por demasiadas pérdidas. Sin la alegría de las citas de noviembre, el conjunto de Chus Mateo se quedó seco en ataque: cuatro puntos en casi cinco minutos. El técnico encendió el ventilador de los cambios y al menos Isaac Nogués aportó mandíbula fuerte en defensa, convertido en un jugador de balonmano que salía y entraba a la pista con el cambio de posesión. Ucrania no le daba muchas vueltas y miraba rápido al aro para apuntarse el primer asalto (21-17).
Era una España remolona a la que le costaba darle velocidad al balón y dinamismo a su ataque para fabricarse una buena posición de tiro. De nuevo con la muñeca dormida (tres puntos en cuatro minutos y medio tras la pausa), fue Ferran Bassas quien acudió al rescate para compensar por fuera el escaso alimento del juego interior. El base del Manresa picó desde el perímetro y a media distancia frente una defensa ucrania muy cerrada y que permitía esas licencias lejanas. A cambio sufría España para morder en el ataque estático y no siempre encontraba una rendija con rapidez (33-32).
Cárdenas y Oriola masticaron a distancia lo que a España le costaba ganarse cerca del tablero. y el veterano que ha regresado inyectaron esa adrenalina indispensable para competir en Riga. Pero la fórmula cojeaba sin echar el cerrojo atrás y el prometedor Kovliar andaba con la mirilla ajustada. Jaime Fernández presentó otra vez galones y la selección cogió por primera vez el mando del partido a partir de su mejora sin el balón. El crecimiento atrás de la selección marcaba las diferencias y liberaba a las piezas en ataque. España se había arremangado para imponer el peso de su juego colectivo, todos a una para recuperar cada balón y compartirlo con un nivel de acierto demoledor. La selección ató un parcial de 1-21 en la segunda parte del tercer cuarto para dar un bocado definitivo: 47-65.